miércoles, enero 18, 2006

Ante las Cámaras

El Foro del Espectador emitía el día 16 de Enero este comunicado:

Las series de TV presentan un falso modelo de la juventud española, según un estudio del Foro del Espectador.

Este análisis concluye que las series españolas presentan como valores predominantes en los jóvenes la seducción, el goce, el placer, el culto al cuerpo y la falta de esfuerzo y sacrificio.

La juventud española aparece representada en televisión por unos estereotipos prefabricados y no representa a la variedad y pluralidad de opiniones, gustos, formas de vestir y de pensar de nuestros jóvenes.

Foro del Espectador cree que en la sociedad no hay solo un tipo de joven. Sin embargo, las series están tratando de homogeneizar los gustos y consumos sociales y de pensamiento de la juventud.

Las series y programas dirigidos a jóvenes muestran una clara ausencia de valores como el estudio, el trabajo serio y constante o la obediencia a padres y profesores. Se expone un modelo en el que los objetivos de la vida se consiguen sin esfuerzo y sufrimiento, algo que dista mucho de la realidad. También resulta llamativa la falta de cultura que tienen los protagonistas de estas series.

Además, en las series dirigidas a jóvenes se trivializa un tema tan importante como el amor, reduciéndolo a un juego, en el que prima una falsa concepción de la sexualidad humana.

Foro del Espectador sostiene que los informativos de televisión tampoco ayudan a formarse una correcta idea de la juventud española. Las numerosas noticias de agresiones, peleas y drogas no son contrarrestadas con otras muchas en las que los jóvenes queden bien parados, con lo que se deja en el espectador una idea equivocada o errónea de este sector social de nuestra sociedad.

Foro del Espectador pide a las cadenas de televisión un esfuerzo serio para acabar con esta discriminación que tanto daño hace, no sólo a los jóvenes, sino al futuro de nuestra sociedad y de nuestro país.


Hace tiempo que reflexioné por aquí sobre este asunto (21 de Julio) pero no tuve entonces la sensación de que preocupase a mucha gente. En realidad, dada su vital importancia, creí que debía preocupar mucho más a muchos más.

Las series de televisión españolas apuestan por norma general, como nuestro cine, por trasmitir contravalores. El Foro del Espectador habla de “seducción, goce, placer, culto al cuerpo y falta de esfuerzo y sacrificio”, esto es, de la irresponsabilidad. Pues no cabe entregarse a lo inmediato sin renunciar a tomar las riendas de lo mediato. En realidad, que la gente joven llegue a comportarse así se debe a muchos factores, tanto sociales como naturales. Entre los naturales están, claro está, el incompleto desarrollo de las funciones cognitivas complejas (del lóbulo frontal) y la tormenta hormonal. Entre los sociales la ausencia total de un medio ambiente social que premie el esfuerzo y el ingenio y castigue la vagancia y la estulticia durante la juventud. Muchos padres se desentienden de la educación de sus hijos, el sistema educativo no establece incentivos ni desincentivos adecuados, y en la cultura se practica el “culto” a la juventud.

Es muy posible que la falta casi absoluta de valores en los seriales españoles sea un reflejo más que la causa de la falta de valores en muchos jóvenes y no tan jóvenes. Para empezar los que hacen las series, desde los guionistas hasta los actores, viven en cierto modo en un limbo. Quien vive de crear imágenes, con su pensamiento o su movimiento, puede terminar por creer que hay mucho más de representación de lo que realmente hay, de drama o comedia en sentido estricto, esto es, en sentido figurado, de farsa teatrera.

Por poner un ejemplo: ¿quién informó a los guionistas de “Motivos Personales” acerca del funcionamiento de una empresa farmacéutica?. Nadie, sin duda. Porque a lo largo de la serie lo único que aparece del día a día de la gestión del negocio son maquinaciones maquiavélicas de una elite tribal enfermiza y pueril. Uno no puede, a partir de esa serie, hacerse una idea cabal de lo que es una empresa farmacéutica, ni, en general, de lo que es una empresa. Pero eso es lo de menos: el problema estriba no en la idea que uno no se hace, que después de todo en un thriller que va sobre otros asuntos no tiene porque formarse siquiera, si no en la que se hace realmente a partir de la imagen mostrada: da la sensación de que en las empresas no se trabaja, sino que se charla y se conspira.

La falta de cultura que el Foro del Espectador atribuye muy justamente a los protagonistas de las series quizá quepa atribuirla, al menos en parte, por derivación, a quienes las elaboran. Es el caso indicado de “Motivos Personales” y la cultura sobre lo que es una empresa de quienes la hicieron.

Como antes decía, los valores que nuestras series presentan, enumerados por el Foro del Espectador (goce. placer....falta de esfuerzo....) no son más que irresponsabilidad. Exactamente la irresponsabilidad conducente al Socialismo, la causa última de la decadencia de las sociedades, al crearse y favorecerse los tipos humanos enfermos de hedonismo sibarita, parasitismo paraestatal y molicie. Se crea una masa amorfa, una plebe homogénea, que no quiere asumir ningún riesgo ni afrontar ningún esfuerzo, una plebe vil y lacaya que no solo se entregue a, sino que busque el abrazo protector del Estado Benefactor. Papá Estado cuidará de los desvalidos irresponsables que se arrodillen ante su omnipotente figura. Papá Estado los necesita tanto como ellos a él. Y si es preciso los fabricará, desde las escuelas, que habrán de ser públicas y adoctrinar convenientemente a los pupilos, y desde los medios de comunicación, que cantarán loas al poder y a los valores del rebaño, bien a través de las noticias, bien a través de la ficción doblemente ficticia de las series y películas que inventan incluso los valores.

Y es que la cuestión de los valores no es un tema más de discusión. Los valores son el fundamento de nuestro actuar en el mundo, y errar en ellos es construir sin cimientos. Y son además una emanación directa de la naturaleza humana, por lo que contravenirlos, o crear otros artificiales, solo puede llevar a lo que el Foro del Espectador denomina: “estereotipos prefabricados”, tanto en la realidad como en la ficción.

El culto a la juventud nos muestra claramente un ejemplo de esos estereotipos patéticos. Los hombres adultos de las series españolas de familia aparecen como eternos adolescentes, como perfectos niñatos tonteras, como medio hombres, en resumen. Son no solo incultos -si fuera eso no pasaría casi nada, pues nadie le pide a un tipo normal que tenga grandes dotes de orador y pensamientos de filósofo- sino también poco consistentes, ambiguos moralmente, perdidos en su vida, ignorantes de muchas normas elementales de convivencia y comportamiento entre adultos, y, por supuesto, veleidosos y bobos.

Muchas personas muy razonables y maduras contemplan esas seriecillas con interés y diversión. Después de un día de trabajo, en la tranquilidad del hogar, uno se entrega con gran facilidad a la primera agresión que sale de la tele, igual que Chamberlain se entregó a Hitler. Ciertamente no estamos hablando de una agresión directa y explícita. Se atenta contra nuestros valores subrepticiamente, camuflando el esperpento de normalidad. Las groseras termitas de los contravalores van corroyendo los cimientos de nuestra civilización. Y se atenta desde la aparente superficialidad y naturalidad del humor. Nuestro enemigo se nos acerca con una sonrisa y un chiste....¿Quién podría resistírsele?. Se puede ser degenerado y repulsivo con ingenio y simpatía. No pongo ejemplos, que cada uno piense los suyos.

Cuando a uno dejan de hacerle gracia cierto tipo de tonterías previsibles, con sus guiños culturales evidentes, y pasa a otra categoría de humor, se le reprocha que se ha vuelto serio y ceñudo. ¿Podría haber reproche más ridículo y digno por ello de la mejor de nuestras carcajadas?.
Una vez que un personaje de alta alcurnia visitó a su Rey, había alrededor de este último muchos cortesanos que reían por lo bajo acerca del aspecto del visitante, un tanto anticuado para la moda entonces imperante en la Corte. El viejo y sabio noble, experimentado militar y estadista, se dirigió al Rey con las siguientes palabras: “Cuando hace años venía a visitar a su padre los bufones permanecían en la antecámara”.

Y ahora, para nuestra desgracia, tenemos a muchos......ante las cámaras.

4 comentarios:

Maestre de Campo dijo...

Por desgracia hace mucho que los bufones perdieron la vergüenza al tiempo que ganaban la subvención. Lo realmente grave es que, en conjunto, están transmitiendo una doctrina tendente a homogeneizar, a igulizar identitariamente, a la población desde pequeños.

Escalofriante es saber que los niños siguen, en la educación coactiva y forzosa, un recorrido de "doctrina".

ijon dijo...

Interesante comentario. Casualmente pienso algo muy parecido cuando veo ese anuncio en el que alguien estudia una carrera, consigue un trabajo y se compra un coche. Mientras, otro hace el vagazo y se compra el mismo coche. Se trata de destacar las facilidades de pago ofrecidas, claro. Pero al mismo tiempo se transmite el mensaje "no hagas el pringao, tócate las narices y en el futuro, ya se verá". Muy edificante, sin duda.

Un saludo y enhorabuena por el nivel del blog.

Nomotheta dijo...

No aprendemos, Maestre, pese a las lecciones del siglo XX, es desesperante. Pero habrá que combatirlo.

Gracias Ijon, no había visto ese anuncio. Por desgracia cada vez más "niños" idiotas tienen coche antes que cerebro (y antes móvil, ordenador, cadena, Play Station, etc etc...).

Por un lado está muy bien, pues es señal de prosperidad, pero cuando eso es todo hay que preocuparse, porque en cuanto declinan los valores, tarde o temprano, la prosperidad acaba en el basurero de la historia.

Marianela dijo...

Como dice Nomotheta no hay en el ambiente social nada que premie el esfuerzo. Ni tan siquiera lo hay en el educativo. En algo, que debería ser un incentivo, como son las becas, no hay nada que premie las buenas notas. Un estudiante consigue la misma beca, del ministerio o del gobierno autonómico, tenga sobresalientes o aprobados ramplantes.

Los padres, aunque quisieran, se verían incapaces de premiar el esfuerzo, porque no podrían llegar a superar los premios que reciben los vagos de la clase. Cada niño tiene desde muy pequeño más juguetes que aquellos con los que puede jugar; el móvil que no falte, en cuanto cumplen los 14 ya tienen la mejor motocicleta esperando en la puerta; a los 18, el coche. Mientras tanto, el dinero que reciben como paga escandaliza. Esto es algo que veo cada día.

¿Para qué se van a esforzar?

Saludos