martes, enero 10, 2006

El Mundo al Revés


Ayer escuchaba el subprograma "Radio Nikosia" integrado dentro del programa "La Ventana", de la Ser. En él hablan personas con problemas psiquiátricos. Decir "problemas", desde luego, es solamente una forma de enfocarlo entre muchas alternativas. También podría hablarse de enfermedades. ¿Cómo calificaríamos la esquizofrenia, por ejemplo?: ¿Es una inadaptación social? ¿es una disfunción genética?, ¿es el fatal desenlace de la acción de un virus en el útero materno?, ¿es una forma de percibir el mundo original, diferente?.

En "La Ventana" les dedican a los enfermos mentales un espacio, igual que hacen con los presos carcelarios. Todo lo grotesco, todo lo degenerado, todo lo torcido y cutre se mira desde una óptica idealizadora. Después de los atentados del 11-M entrevistaron a muchos musulmanes "de bien", especialmente marroquíes, lo mejor de entre ellos en formas y cultura (y quizá por ello los más fariseos), que insistían en que su colectivo estaba integrado en nuestra sociedad y en que nada tenía que ver con el fundamentalismo asesino.

Quizá querían calmar los ánimos y evitar pogromos contra los moros.

Sin duda debemos conocer un poco más para no prejuzgar, para superar los prejuicios. Pero hay ciertas cosas que cuando uno las conoce pasa de unos prejuicios a otros. Al final, si se profundiza y se valora pausada y sensatamente, se pasa del prejuicio al juicio, o a la suspensión del juicio. Pero el juicio es acción, y uno ha de actuar. Suspender el juicio pirrónicamente es entregarse a la barbarie de los otros, al infierno que son los otros.

Uno puede comprobar que un asesino convicto es una persona que conversa razonablemente. Ya puestos, también lo hace Rovira, si se pone a ello, y dicen que Hitler en la intimidad era entrañable y encantador, casi un osito de peluche.

Uno puede superar el prejuicio y descubrir que los marroquíes son personas en muchos sentidos corrientes, que viven vidas, que tienen familias y afanes, amigos y entretenimientos, costumbres alimenticias y una idea del bien y del mal, etc etc...uno puede descubrir sorprendido en qué se parecen a "nosotros", siendo ese nosotros, de pronto, harto dudoso.

¿Cómo eran los gitanos que ayer acribillaron a tiros en Sevilla a un infeliz que rozó con su coche a una gitanilla que se le echó encima?. ¿Qué tienen en común con nosotros? ¿En qué se diferencian?. Unos señalarán los parecidos, para acercarnos a ellos y a su drama, para que les comprendamos, para que en la identificación otorguemos el perdón. Otros las diferencias, para que su crimen les aleje lo más posible de nosotros y nuestras mansas costumbres y podamos así juzgarles sin sentir lástima. Aunque sin escarbar mucho en sus vidas, ni en las nuestras, damos con una sola cosa, más que suficiente, para juzgar: han matado a una persona sin un motivo plausible.

Se preguntaba Gema Nierga, presentadora de la Ventana (y preguntaba a sus alocados contertulios de Radio Nikosia) , si estaban locos esos "gitanos", cuya etnia resaltaban solamente para decir que no era relevante como factor explicativo.

Una chica de hablar macarra, habitual de esas conversaciones, hacía ante esta pregunta una atrevida hipótesis que pretendía pasase por verdad: las personas aquejadas de diversos tipos de demencia, los clasificados por la sociedad como locos, eran en realidad de lo más pacífico, siendo los únicos perjudicados de sus propios ataques.

Y esto me hizo pensar en aquella enfermera enferma que se paseó, cuchillo en mano, hace no mucho por la Fundación Jiménez Díaz. Era una pobre esquizofrénica. Supongo que un caso excepcional, a partir del cual no cabe deducir que los esquizofrénicos representen un peligro para los demás. Un caso único a sumar a tantos otros casos únicos de episodios violentos protagonizados por personas que padecen cierta enfermedad, aunque no en todos ellos la sangre llegue al río.

Curiosamente, apenas una hora después de que esa radio-tertuliana pronunciase esas palabras, un "segurata" entraba con una escopeta en la sede de correos de Madrid y mataba a 2 excompañeros, dejando muy malherida a una tercera. Seguramente su abogado atribuiría su sangriento crimen a una enajenación mental transitoria. Pero el asesino no quiso pasar por la farsa del juicio. Prefirió volarse la cabeza, esa dentro de la cual algo no iba muy bien.

Se dirá que la masacre la perpetró porque había sido despedido. Si bien sus excompañeros, sacrificados en el altar de su demencia, ya notaban un comportamiento poco normal en el sujeto mucho antes de que ellos mismos firmasen un papel que contribuyó poderosamente a su despido. Por otra parte son muchos los que son despedidos cada día de otras tantas empresas y no vuelven al poco, escopeta en mano, con intenciones homicidas.

¿Está loco, se preguntarán los necios, porque ha cometido el crimen, o comete el crimen porque está loco?. ¿O actuaba con plena consciencia, racionalmente?.

Disquisiciones inútiles. El hecho es que mató a varias personas sin un motivo plausible.

La frontera entre la cordura y la locura es tenue, nos dirán. Es difícil separar lo racional de lo irracional en nuestros comportamientos y pensamientos. Están poderosamente imbricados. Quizá todos estemos un poco locos, y los locos tengan su pedacito de cordura. Pero esas nimiedades deben dejarse a un lado cuando alguien tirotea a un pobre hombre que fue arrollado por una niña, o se mata a unos compañeros de trabajo, proyectando en ellos la responsabilidad de un despido que uno llevaba un mes (el tiempo que llevaba trabajando) pidiendo a gritos, en el mutismo lleno de voces de la psicosis. Unos tienen la mente enferma hasta el punto de que afecta a su conducta de un modo continuado y hace su vida y la de los que le rodean peor. Otros están aparentemente dentro del círculo invisible de los cuerdos, quizá haciendo sus vidas y las de los que les rodean peores, pero manteniéndose en un precario equilibrio, en una paz armada, que se rompe en mil pedazos en circunstancias ligeramente adversas o incluso triviales.

Los gitanos que tirotearon al conductor en Sevilla lo hicieron llevados por un impulso de protección a la prole muy natural, pero violentamente exacerbado, y fuera de lugar. Es evidente que no son personas muy equilibradas, como seguramente no lo sea su modo de vida, que ellos culturalmente escogieron, en la medida en que fueron libres para elegir. Y ambas cosas tienen entre sí mucha más relación de la que en un principio podría pensarse. Su tribalismo anárquico no responde a las exigencias y oportunidades de las sociedades abiertas.

De cada tipo humano cabe esperar un comportamiento, en la medida en que es un "tipo". Las fronteras son difusas, pero del hecho de que dos conjuntos tengan una intersección no se deduce que todos los que los integran estén dentro de esta.

Decir que los enfermos mentales son menos agresivos que la gente sin patologías del "alma" (o si se prefiere del cerebro) es como decir que los conductores borrachos tienen menos probabilidades de tener un accidente, o que los Israelíes y los americanos son los terroristas mientras se sostiene que los terroristas de Irak son "la resistencia", o que...etc etc O sea, el mundo al revés. ¿Para qué seguir?.

3 comentarios:

Maestre de Campo dijo...

Jajajaj, ¿qué harás escuchando la SER?

La frontera es tenue en todas partes, porque impera el relativismo. Más tenue se va a volver cuando el relativismo avance al "doblepensar".

Nomotheta dijo...

La frontera es tenue....todos llevamos un progre dentro que escucha la SER....jejeje

Me gusta conocer al enemigo, por una parte, y por otra disfruto sádicamente, he de confesarlo, escuchando a los tontos, que como Forrest Gump decía, son "los que dicen tonterías".

Además me documento, si bien superficialmente, para hacer una crítica igualmente somera, pero con más fondo oculto.

Y de paso practico eso que me dijeron cuando era pequeñito que hay que practicar: "escuchar a los demás"....aunque los escuchados se repitan y razonen deficientemente pretendiendo ser originales y llevar toda la razón.

Maestre de Campo dijo...

Hay un dicho, me parece que árabe, que dice que solo se debe hablar cuando lo que se tiene que decir es mejor que el silencio. En la SER no lo conocen, allá ellos.

Un saludo.