miércoles, junio 15, 2005

Talante

ZP dijo, al principio de su mandato, y supongo que para congraciarse con los liberales, que había leído "La Democracia en América", del pensador decimonónico francés Alexis de Tocqueville.

Uno podría leer "El Capital" de Marx y "La Sociedad Opulenta" de Galbraith y no por ello tendría porque convertirse a sus idearios, desde luego. Pero presumir de haberlos leído debiera ser una forma de sugerir que las ideas que transmiten son del agrado de uno, casi como propias.

Parece que ZP, inadvertidamente, y a través de esa inocente referencia bibliográfica, puso de manifiesto en que consiste exactamente su "talante".

Nuestro presidente presume de escuchar a todos igual que presume de leer a Tocqueville. No escucha para comprender, sino para que parezca que lo hace. Su vanidad se exhibe grandilocuentemente cuando dice: "comprendo, luego soy sabio". Una versión grotesca del "Pienso luego Existo" cartesiano. Pues quien dice comprender sin comprender absolutamente nada, y sin tener el más mínimo interés en comprender, tiene de sabio lo que de existencia consciente, o verdadero ser, todo aquello que no piensa.

"Talante" -decía el periodista metido a político Luis Herrero- "es que te den por detrás y por delante". Y posiblemente es eso lo que le ocurre a cualquier individuo aislado que profese el talante como filosofía vital....el verdadero talante, claro está. Porque la gente va por ahí buscando su interés, por medios tanto legítimos como ilegítimos, y no se puede abusar de la comprensión sin que abusen de uno. Para ello están los principios, diques que impiden que nuestro mundo mental quede anegado por la indefinición absoluta.

Hay ciertas cuestiones que no deben convertirse en objeto de discusión. Si comprender a otro supone, en alto grado, poner en duda lo propio, uno debe saber dónde está el límite de su comprensión. No conociendo ese límite no existe siquiera conocimiento, y no existiendo conocimiento desaparece el pensamiento, y el propio "ser" cartesiano. Tendríamos, pues, una nueva frase: "Comprendo, luego no soy", lo cual es un contrasentido, dado que es imposible comprender sin ser. Así que ZP nos propone anularnos, dejar de ser, para que sean otros, en nuestro lugar y a nuestra costa, los que sostengan sus "verdades", que de tan comprendidas pasen a ser infalibles, indiscutibles.

Junto a nuestros "a prioris" innegociables tenemos, en gran medida derivados de estos, unos axiomas mentales que rigen nuestro comportamiento. Pertrechados con ellos perseguimos nuestra supervivencia y bienestar -lo que traducido a un lenguaje más ambiguo podría denominarse "interés". Y preocupados y ocupados en lograr nuestros objetivos irrenunciables, hemos de decir NO a todo aquello que suponga una agresión contra nosotros. Nos vemos enfrentados, en defensa de nuestro "ser", que no renuncia a "ser", a otros seres que aspiran a imponernos sus "verdades", auténticos disfraces de su propio deseo de medrar y gozar.

Pero una sociedad liberal, de la que Tocqueville pudiera sentirse satisfecho, no sería aquella en la que todo el mundo pudiera realizarse, sino, en cambio, aquella otra en la que todos tuvieran la oportunidad de hacerlo. A eso se le denomina "igualdad ante la ley", y es un planteamiento político que parte del supuesto de que existen unos principios (que toman forma en derechos y leyes constitucionales) que son inalienables.

Por eso es tan peligroso que gobierne un vanidoso que presume de talante. Pues socava los cimientos de la sociedad liberal al prestar oídos a unos por su oreja "izquierda" mientras permanece sordo a los que le hablan por la "derecha".

Uno piensa inevitablemente en ese atribulado personaje que tiene sobre su hombro izquierdo un pequeño diablillo que aconseja susurrante maldades, y sobre el derecho un también pequeño ángel que trata, con sus palabras altas y claras, de llevarlo por el camino de la virtud.

Este talante puramente aparente no es el de un solo individuo, que responda personal e intransferiblemente de sus consecuencias. Lo ejerce, mal que nos pese, quien representa a todos los ciudadanos de nuestro país, y lo hace en su nombre...en nuestro nombre.

Así pues no esperemos que el talante suponga que el talantudo sufra por detrás y por delante. Nosotros delegamos en él y él, en justa retribución, nos traslada las terribles consecuencias de su mal llamado talante a nosotros, para que lidiemos con ellas por detrás y por delante.

ZP marchará hacia un horizonte Zen, divagando sobre la Alianza de Civilizaciones, con sonrisa de joker, dejando atrás un país fragmentado y caótico, seguramente más pobre, seguramente menos libre.

¡¡Si Tocqueville se levantara de su tumba!!

5 comentarios:

Smith dijo...

Talante no es nada. El talante, per se, no dice nada. El talante puede ser bueno o malo, pero por sí solo, no es nada. ¿Qué es Zetapé? Talante. Nada.

Gonzalo Villafáñez García dijo...

Me parece un blog interesante por las reflexiones que hace, sobre todo intentando analizar las corrientes de pensamiento o las palabras que se utilizan desplazando sus significados. Este es el primer paso, en mi opinión para poder hacer un contrapeso a la hegemonia intelectual de la izquierda.

http://elhpc.blogspot.com
Un saludo

maradentro dijo...

Hola, compañero de otros lares.

Te leo, he leído todo hasta ahora aunque no haya dicho nada.

Muy bien, sigue.

Saludos

Nomotheta dijo...

Me agrada el excelente talante que mostráis todos vosotros. Y eso que, indudablemente, no sois de izquierdas.....

Es un placer tenerte por aquí, Maradentro.

maradentro dijo...

El excelente talante no es patrimonio de las izquierdas, ni siquiera de las derechas. El talante a secas (o vacío) sí que es exclusivo de quien dice tenerlo.

El placer es mío